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PROPUESTA DE FORMACIÓN

 

 

La Licenciatura en Música tiene una duración de diez (10) semestres en jornada diurna y modalidad académica presencial, con un enfoque constructivista conveniente para la adquisición de conocimiento por construcción y organización, en donde existe una interpretación y un significado del saber pedagógico (disciplina fundante) y disciplinar específico musical. 

 
El proyecto está constituido por dos ciclos de formación:
 
 
A. Ciclo de fundamentación
 
B. Ciclo de profundización
 
 
Con cuatro componentes:
 
 
1. Pedagógico
 
2. Disciplinar específico
 
3. Interdisciplinario
 
4. Investigativo
 
 
Para culminar el proyecto, el  número de créditos cursados debe ser de 170, distribuidos así: 104 créditos en el ciclo de fundamentación, 60 en el ciclo de profundización y 6 créditos electivos.
 
La interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad permiten integrar los saberes pedagógicos a los didáctico-musicales, dando lugar a reflexiones académicas en los espacios académicos de investigación y práctica, tanto educativa como artístico-musical. Dichas reflexiones posicionan académicamente los componentes transversales, pilares fundamentales para la permanente construcción de la Licenciatura en Música. En este sentido, los espacios académicos, elementos constructivos del proyecto, son comprendidos como escenarios permanentes de innovación metodológica, didáctica e investigativa, así como de reflexión pedagógica y musical. 
 
 
A.     Ciclo de fundamentación:
 
 
El ciclo de fundamentación corresponde a los semestres primero a sexto. Ofrece una formación básica en el campo de reflexión pedagógico-artístico y disciplinar musical, como los saberes estructurantes que permiten a los estudiantes adquirir conocimientos académicos en la doble perspectiva (pedagógica y musical); presenta tres etapas: ubicación (primer y segundo semestres), apropiación (tercero a quinto) y transición (sexto semestre).
 
 
La etapa de ubicación se define como el momento en que las experiencias de conocimiento de la cotidianidad de los nuevos estudiantes se complementan con los procesos intencionales de formación académica, tanto musical como pedagógica. El proceso de educación continúa con la etapa de apropiación de los aspectos básicos de formación específica pedagógica y disciplinar musical. La tercera etapa corresponde a la transición entre el ciclo de fundamentación y el de profundización, donde los niveles de reflexión sobre los saberes básicos permiten a los estudiantes, de un lado, pensar en la línea de profundización que abarca un amplio espectro de sus expectativas profesionales, y de otro, prepararse para asumir espacios académicos que requieren un mayor dominio conceptual y pedagógico musical. 
 
 
Así mismo, entendemos la pedagógica musical como el campo de reflexión que genera pautas de carácter teórico-pedagógico que permiten al individuo inscribirse en un proyecto cultural, tanto colectivo como individual. La reflexión pedagógico-musical orienta e ilumina la educación musical, considerada como el hacer práctico, como la actividad de educar, en, para, por y con la música.
 
 
B.     Ciclo de profundización:
 
 
Este ciclo supone una mayor articulación y flexibilidad. Las concepciones inter y transdisciplinaria rigen el desarrollo de los procesos formativos a partir de la práctica educativa musical y la investigación. El ciclo abarca los semestres séptimo a décimo en dos líneas de profundización, “Reflexiones pedagógicas sobre los escenarios de la educación musical” y “Reflexiones pedagógicas sobre las prácticas musicales en conjunto”. 
 
 
Está conformado por dos etapas: reflexión (semestres séptimo y octavo) y significación (semestres noveno y décimo). La etapa de reflexión permite el afianzamiento del primer ciclo (fundamentación) en relación con la práctica pedagógica e investigativa, en la perspectiva de estructurar un campo de preguntas a propósito de la proyección profesional. La etapa de significación obedece a la necesidad de producción de sentido, en tanto representa la consolidación de los saberes que se hacen evidentes en las prácticas y en el proyecto de grado, recordando que dentro de los acuerdos mínimos, el pregrado genera interrogantes que responden parcialmente al proceso y proporciona herramientas fundamentales para el desempeño profesional del egresado.